Añoranza de un anexionista


Arthur González

SINAEn un intento baldío por querer cambiar la historia, uno de los tantos blogueros que se dedican a hablar contra Cuba, comentaba que el águila imperial que coronó el monumento construido en la Habana en homenaje a las víctimas del acorazado Maine, iba a hacer reinstalada en su sitio frente a la antigua embajada norteamericana, hoy Sección de Intereses.

Según él esto sería volver a la normalidad, ¿pero a qué le llamará normalidad el autor?

Si normalidad es que los yanquis vuelvan a campear por su respeto en la isla, que sus asesores militares entrenen nuevamente a los órganos represivos como hicieron durante la tiranía del dictador Fulgencio Batista, cuando crearon el tenebroso Buró de Represión a las Actividades Comunistas, BRAC, o al ejército que bombardeó ciudades y poblados campesinos, seguramente que está demostrando su verdadero sentimiento anexionista.

En evidencia de un desconocimiento total de la historia de Cuba, el bloguero asegura que:

“Ningún historiador decente puede afirmar que el acorazado Maine, que llegó a la isla en visita de amistad, hizo explosión de forma intencional el 15 de febrero de 1898 en el puerto de La Habana, para que el gobierno de Estados Unidos se apoderara de Cuba.”
Error del bloguero. Todos los cubanos saben perfectamente que este fue el pretexto empleado por los norteamericanos para inmiscuirse en los asuntos internos de la isla y declararle la guerra a España cuando el ejército Mambí, integrado por los cubanos que luchaban por la independencia de Cuba, le tenía ganada la batalla.

En la explosión del acorazado Maine murieron 230 marineros, 28 marines y solo dos oficiales, los demás estaban en el puerto participando en una cena; viejo ardid de los yanquis cuando desean introducirse en una guerra. Ejemplos sobran sobre esto, la guerra con Japón, Guatemala, Vietnam, Afganistán e Irak, son solo algunos de los más elocuentes.

Quizás el deseo del bloguero de ser un súbdito norteamericano no le permita conocer la bien la historia de Cuba, pero es bueno que conozca algunos hechos.

El 29 de abril de 1823, el entonces secretario de estado de los Estados Unidos, Anthony Quincy Adams, le envió una carta a Thomas Randal, agente especial del gobierno yanqui enviado a la isla, en la que expone qué tipo de informaciones debía recolectar durante su estancia en la Habana, como debía redactar sus informes,  y cuál era la conducta que debía mantener para evitar que Cuba saliera del yugo colonial español y cayera en manos del Imperio Británico o de Francia, pues solo tenía un único camino: ser propiedad norteamericana.

Pero si aun el autor anexionista tiene alguna duda, pudiera leer un importante documento desclasificado y fechado el 13 de marzo de 1962, elaborado por el Jefe de la Junta de Jefes del Estado Mayor del ejército de los Estados Unidos, general L.L. Lemnitzer, dirigido al entonces secretario de defensa, Robert Mc Namara, donde le propone un conjunto de acciones para justificar una intervención del ejército norteamericano en Cuba.

Según afirma el general Lemnitzer, una de las nueve medidas será la de:

“Organizar una operación similar a la del acorazado Maine y para eso pudiera volarse un barco norteamericano en la Bahía de Guantánamo y acusar a Cuba de la acción. También pudiera volarse un barco en aguas cubanas, quizás cerca de la Habana o Santiago de Cuba, y plantear que fue hundido por la marina y fuerzas aéreas cubanas. Los Estados Unidos iniciarían el rescate de las víctimas y posteriormente dará un listado de los muertos para provocar la indignación y mostrar la irresponsabilidad y peligrosidad de Cuba”.

Por tanto, intentar desvirtuar la verdad es cosa de tontos o de incultos. Los documentos oficiales de los Estados Unidos prueban lo contrario.

Una vez más cobra un alto valor la frase de: “La ignorancia es atrevida”.

 

Un pensamiento en “Añoranza de un anexionista

  1. Muy bien, parece que algunos sufren de amnesia circunstancial o mejor dicho de olvido interesado. Pero la verdad siempre sale a flote y es harto conocido las argucias que usa el imperio cuando de agredir se trata.

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