Viajes a Cuba.


Arthur Gonzalez.

ofacEl Gobierno norteamericano, sus agencias federales de inteligencia y todos los mecanismos de propaganda gris, diseñados para la guerra sicológica, se han desgastado por años tratando de crear y mantener la matriz de opinión de que en Cuba no hay libertad y menos de movimiento.

Pero ahora vuelve a salir a luz pública, como el que no quiere las cosas, quienes son lo que en verdad restringen la libertad de palabra y movimiento a sus ciudadanos.

La Oficina de Control de Bienes Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, acaba de declarar que: “los norteamericanos que viajen a Cuba en razón a intercambios educativos y culturales, con una licencia aprobada previamente, no podrán hacerlo a bordo de cruceros y otras embarcaciones”.

La OFAC aseguró el pasado 11.09.2013 que no tiene planes inmediatos de autorizar los viajes de transbordadores a la isla para llevar pasajeros. Las licencias otorgadas por la OFAC para los intercambios pueblo a pueblo no autorizan viajes hacia y desde Cuba a bordo de una embarcación, incluidos los cruceros, ya sea de origen o destino en Estados Unidos o un tercer país.

Cabe preguntarse ¿cuál es el delito que se comete viajando en una embarcación? ¿A qué le temen los norteamericanos con el empleo de ese medio?

Los Estados Unidos, campeones de la “libertad”, tienen prohibido desde hace medio siglo que sus ciudadanos viaje sin control a Cuba, solo los que tengan una licencia que contemple alcanzar un objetivo para su política anticubana, lo pueden hacer.

Según las regulaciones yanquis, para entregar una licencia deberán demostrar que su presencia en la Isla es para trasladar a los cubanos los valores de su sociedad, con el propósito de ayudarlos a derrocar al régimen socialista, según se recoge claramente en el llamado Plan Bush, o Acta de la Comisión para una Cuba Libre, mediante la “Transición pacífica” de Cuba.

Por eso solamente tienen el privilegio de volar a la Isla los religiosos, especialmente los de nuevas iglesias protestantes, estudiantes de humanidades, algunos periodistas que buscan información y reportan tergiversadamente la situación cubana y algún que otro profesional que pueda ejercer influencia sobre sus homólogos cubanos.

El texto del Plan Bush dice textualmente que: “Eliminar los abusos de los viajes educativos, restringiéndolos solamente a instituciones de licenciatura y postgrado que concedan títulos, y a programas de estudio de semestres académicos completos, y de menor duración, únicamente cuando el programa apoye directamente los objetivos de la política estadounidense”.

Es público que los objetivos de su política es derrocar el sistema socialista, por tanto el que desee viajar para conocer la realidad cubana, sus avances científicos, disfrutar de sus museos, teatros, compañías de danzas, playas, paisajes naturales y de la tranquilidad ciudadana, no tiene libertad para gozar de sus derechos civiles como norteamericano.

Por el contrario, si un norteamericano acepta llevarle dinero y abastecimiento material a los grupúsculos creados para actividades subversivas diseñadas desde Langley, entonces recibirá una licencia que le permite disfrutar de un descanso en las hermosas playas de aguas cristalinas, tomarse un refrescante Mojito en el restaurante La Bodeguita del Medio o un delicioso Daiquirí en el Bar del restaurante El Floridita, tal y como acostumbraba disfrutar Ernest Hemingway.

Solo así tendrá la libertad de viajar a Cuba.

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