La impotencia de no poder ganar


Arthur Gónzalez

otanDesde hace dos años Estados Unidos junto a sus aliados de Israel y algunos miembros de la OTAN, iniciaron una guerra sucia contra el Gobierno de Bashar al Assad, en un intento por repetir la formula aplicada contra Muammar al Gddafi en Libia.
El motivo es que el régimen sirio no es del agrado de la Casa Blanca, al no someterse a sus mandatos imperiales.
La ambición por ocupar a Siria es vieja. Consta como antecedente histórico el desembarco de tropas norteamericanas el 7 de septiembre de 1903, bajo el manido pretexto de “proteger” el Consulado yanqui en Beirut.
En 1956, para Washington resultaba inaceptable que el entonces Gobierno sirio se negara a aceptar toda ayuda económica o militar norteamericana y según documentos desclasificados del Consejo de Seguridad de Estados Unidos, basados en informes recibidos de su embajada en Damasco durante los años 1956 y 1957, esa misión diplomática consideraba que: “Si la tendencia popular de izquierda continua durante un período considerable, hay peligro real de que Siria caiga por completo bajo el control de la izquierda, ya sea por un golpe o por usurpación de autoridad, la orientación anti norteamericna y anti occidental que tienen los sirios es estimulada por el  inevitablemente histrionismo político acerca del problema palestino”, y añadía ese informe: “Cuatro efímeros gobiernos sucesivos en Siria han permitido una sostenida y creciente actividad comunista”.

Ante este escenario, la CIA organizó un golpe de Estado para el 25 de octubre de 1956, sobornando a algunos mandos del ejército sirio con fuertes sumas de dinero. Pero el golpe se frustró al ser revelado por los propios militares ante la Inteligencia militar Siria.
En la actualidad, los criterios del Gobierno norteamericano no se diferencian de los que tenían en la 2da mitad del pasado siglo, a los que se suman el marcado interés por dominar esa importante zona del medio oriente, especialmente la frontera con la República de Irán, ante el peligro que representa para el estado de Israel la construcción de una central termonuclear por los persas.
La situación actual de las fuerzas mercenarias que hacen la guerra sucia en el territorio sirio es compleja, producto del desgaste sufrido, la ausencia de una causa justa para luchar, los reverses ante el ejército sirio que defiende con plena lealtad su independencia y al presidente Bashar al Assad, el alto costo financiero y en vidas que causa la guerra y sobre todo la impotencia de no poder derrocar al presidente, a pesar de las acciones de bloqueo económico, las sanciones de Naciones Unidas y las campañas mediáticas que intentan satanizar la situación interna del gobierno sirio.
Todo lo anterior los ha conllevado a la formulación de una medida desesperada, similar a la que les permitió iniciar la guerra contra Irak, acusando también al gobierno sirio de emplear armas químicas, pretexto manido que la vida se encargó de demostrar su falsedad en el caso iraquí, sin que hasta la fecha se sancionara a los Estados Unidos por mentirle al mundo.
El peligro que tiene ahora el presidente Barack Obama, ante esta nueva guerra como fórmula para limpiar su fracaso sirio, es que solo el 9% de los estadounidenses encuestados cree que EE.UU. debe intervenir con sus tropas en la guerra civil Siria y alrededor del 60% se opone a esa acción, lo que podría  constituir la guerra más impopular en la historia de ese país.
Esta situación se complejiza por el rechazo de Egipto, Líbano, Irak, Irán y Arabia Saudita a una solución militar, a la que se suman países de América Latina, África, China y Rusia, que comprenden que todo forma parte de la cruzada de los norteamericanos para crear una matriz de opinión internacional contra Bashar al Assad.
Mientras tanto, el enviado especial de la ONU en Siria, Lakhdar Brahimi, declaró que “EE.UU. y el Reino Unido todavía no han presentado a la ONU pruebas del uso de armas químicas por parte del Gobierno sirio”, algo que pone en tela de juicio las acusaciones yanquis.
Esperemos para ver si finalmente se impondrá la cordura y los norteamericanos junto a sus aliados, se resignan a reconocer que el régimen sirio tiene el apoyo mayoritario del pueblo o por el contrario las acciones militares se imponen; de ser esta la vía, Siria sería la guerra más impopular de la historia de los Estados Unidos y Barack Obama tendría que devolver su premio Nobel por la Paz, al convertirse en el presidente norteamericano que más guerras mantuvo e inició bajo su administración.

2 pensamientos en “La impotencia de no poder ganar

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