Por qué no es igual con Siria


Arthur Gónzalez

Bashar_al-AssadEn Bruselas, la Unión Europea (UE) acordó estudiar todo tipo de medidas para responder a la crisis en Egipto, pero siempre con la prioridad del diálogo político con los golpistas para impulsar una solución negociada entre Gobierno y oposición.

Esa actitud del bloque europeo pone de manifiesto la diferencia notable que existe con las medidas adoptadas contra el Gobierno constitucional sirio del presidente Bachar Al Asad, que enfrenta una guerra inducida desde el exterior por un ejército mercenario, orientado y financiado por los norteamericanos y sus aliados de la OTAN.

A los militares golpistas de Egipto no se les ha sancionado después de casi tres meses de haber violado el marco constitucional, ni se le retiró de inmediato el apoyo monetario de miles millones de dólares que aportan los Estados Unidos y la UE; tampoco se les ha declarado un embargo de armas. Sin embrago, la actitud contra el Siria ha sido todo lo contrario.

No hay que ser un erudito para percatarse de las razones, porque esta posición de la UE y de los EE.UU. dicen a  las claras quienes son y a los que apoyan.

Ni con una hoja de parra se puede tapar ya la jefa de la diplomacia europea, Catherine Ashton, dispuesta siempre a condenar rápidamente cuando se trata de una situación en algunos de los países que sostienen una conducta no agradable para los yanquis o la OTAN.

Mientras el bloque europeo dilata sus decisiones y estudia si por fin sanciona a los golpistas, el ejército continua masacrando vilmente al pueblo, sembrado muerte y terror entre los opositores y la población civil que rechaza mayoritariamente el golpe de Estado.

Tampoco Catherine Ashton se ha pronunciado respecto al anuncio de la liberación del ex presidente J. Mubarak, acusado de ordenar al ejército enfrentar a los pobladores civiles que se oponían a sus desmanes, causando la muerte de decenas de personas y centenares de heridos. El ex presidente tiene además otras causas pendientes por corrupción.

Sin embargo, está de acuerdo con la encarcelación del soldado norteamericano Bradley Manning, quien denunció los actos criminales del ejército contra la población civil en Irak y alertó al mundo sobre la sucia actuación del gobierno yanqui, a través del Departamento de Estado y la CIA, al inmiscuirse en los asuntos internos de otros países.

Las declaraciones de algunos gobiernos exponen a los cuatro vientos la doble moral con que tratan a sus aliados.

A Siria la cercan con sanciones de todo tipo y aplauden una posible intervención militar; pero sobre la situación provocada por el gobierno golpista egipcio hay quienes advierten que “no sería positivo detener ciertas ayudas a la cooperación, por ejemplo aquellas destinadas a combatir la pobreza” y que la prioridad es “conservar el contacto con las autoridades interinas para impulsar un acuerdo político con los Hermanos Musulmanes y el resto de fuerzas”.

Entre el ir y venir de estas tímidas posiciones, el ejército saca partido asesinando a mansalva a los opositores, encarcela y reprime a los musulmanes, tratando de amedrentar a la población.    

Es el triste escenario en que se desenvuelve el mundo, por eso como dijera el Ché Guevara, “esta humanidad ha dicho basta y a echado a andar”.

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