La insolencia de la asalariada de whasington.


Arthur González.

Si hubiese nacido en cuna de oro fuese hasta perdonable, pero para quien nació y creció en una humilde casa de vecindad en pleno corazón de la Habana vieja, rodeada de pobreza y de necesidades heredadas de un sistema capitalista explotador, no se le puede permitir la desfachatez con que se refiere a los hombres y mujeres de su propia patria.

La bloguera oficialista de Washington, Yoani Sánchez Cordero surgió en el año 2000 de un proyecto de la CIA, con el objetivo de crear una nueva contrarrevolución en Cuba, que diera un aire más fresco y joven a su vieja y desprestigiada oposición. Desde sus inicios se dio a la tarea de desprestigiar a su pueblo, sus hazañas contra el poder imperial de los EE.UU. y los desafíos que ha tenido que enfrentar por ser libre y soberana, sin el yugo impuesto por la repudiable enmienda Platt en 1902.

Siguiendo las orientaciones de quien le paga, Yoani la multipremiada por encima de verdaderos intelectuales internacionales y hecha famosa de la noche a la mañana, no pierde ocasión para tergiversar la historia, e incluso intentar satanizar a sus verdaderos actores. En esta oportunidad se lanzó a difamar de los luminosos días que vivió el pueblo cubano bajo las amenazas de la llamada crisis de octubre de 1962.

Demostrando poco conocimiento de la historia de su país, o su mala fe, relata con desatino la valentía del pueblo cubano ante la amenaza de ser invadido por el ejército norteamericano. Para nada habló de la invasión mercenaria a Cuba en abril de 1961 por la bahía de Cochinos, donde una brigada de cubanos que salieron huyendo hacia Miami, tras el derrocamiento del tirano Batista, fue alistada, preparada y armada por la CIA para intentar recuperar el dominio económico y político de la Isla, perdido por el triunfo del ejército rebelde comandado por Fidel Castro Ruz.

En el relato de los sucesos de octubre del 62 no dice que los yanquis, además de invadir a Cuba y sufrir su primera gran derrota en América, crearon las bandas terroristas en la zona montañosa del Escambray, donde asesinaron campesinos, maestros y jóvenes trabajadores. No mencionó la cadena de acciones terroristas a la que fue sometida la Isla de Cuba por los agentes de la CIA, entre ellas la quema de los mejores centros comerciales, cines y teatros. Tampoco señala los bombardeos a ciudades pobladas, la quema de campos de caña, ataques piratas a las costas y pueblos de pescadores por agentes al servicio de la CIA, según consta en los propios documentos oficiales norteamericanos.

Todo esto dio lugar a la entrada de los misiles balísticos soviéticos, como un medio para salvaguardar la vida de todos los cubanos, incluida la de su familia, la que salió de la miseria gracias a la revolución socialista, donde ella misma pudo acudir a la universidad, en vez de limpiar pisos y lavar ropa de otros para poder mantener a la familia, tal y como seguro tuvieron que hacer su abuela y su madre.

En vez de juzgar al líder de la Revolución de “altanero pueril”, debería leer como lo califican los propios dirigentes civiles y militares norteamericanos, cuando celebraron juntos en la Habana el 30 aniversario de los sucesos. Nunca antes brilló más un jefe de Estado como Fidel y aunque ahora ella no pueda o quiera compartir sus ideales, no podrá dejar de reconocer que antes de él a Cuba no se le conocía en el mundo, ni jamás tuvo un líder con trascendencia mundial como él. Por algo la CIA le preparó más de 600 planes para asesinarlo, sin éxito alguno.

Si ella cree que tendrá reconocimiento por la desfachatez con que asegura que “le queda al menos como alivio el que este anciano testarudo de 86 años está cada vez más lejos del botón rojo que desataría el desastre”, se equivoca.

Fidel es y será un líder autentico que hizo historia, al tener el coraje de enfrentarse al Impero más poderoso del mundo y por eso es respetado hasta por el propio adversario.  La irreverencia de ella no empaña su obra, a pesar de errores y desaciertos, pues como dijo el apóstol José Martí, “el sol tiene manchas pero alumbra; los desagradecidos miran las machas y  los agradecidos su luz”.

Evidentemente Yoani no ve la luz, solo ve manchas, pero sin Fidel y su Revolución victoriosa no fuera hoy universitaria, sin haber pagado un solo céntimo y estaría en el lugar de donde no debió ser sacada, en la cuartería de la Habana vieja, donde muchos octubres le hubiesen pasado por encima, sin darse cuenta.

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