El final de una traición.


Arthur González.

El pasado viernes 26.10.2012 a los 77 años de edad, producto de un aneurisma aórtico abdominal, murió en la Habana Eloy Gutiérrez Menoyo, quien fuera traidor del ejército encabezado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.

Gutiérrez Menoyo nació en Madrid en 1934 y durante la lucha contra la tiranía del gobierno de Fulgencio Batista, apadrinada por los norteamericanos, llegó a ostentar los grados de Comandante del ejército rebelde. En 1961 huyó de la Isla con el apoyo de los norteamericanos, al detectarse que trabajaba para la CIA.

De acuerdo con testimonios de la época, en la zona montañosa donde luchaba Menoyo, conocida como el 2do frente nacional del Escambray, la CIA logró introducir a dos de sus oficiales para que impidieran a toda costa la unidad del movimiento revolucionario, y que se alcanzara una victoria contra su ahijado Batista. Los dos oficiales CIA eran William Morgan y John Spítiri, comandante y capitán del ejército rebelde.

Morgan al ser detectado como traidor y miembro de los Servicios de Inteligencia de su país, fue juzgado y condenado a pena de muerte, lo que provocó la escapada de Menoyo, al temer ser descubierto, mientras J. Spíriti corría temporalmente mejor suerte, pudiendo escabullirse hacia la capital y lograr un puesto de trabajo, para continuar su labor de espionaje. Pero también fue detectado y detenido; después de cumplir prisión fue expulsado hacia los EE.UU.

Menoyo fue sancionado y  cumplió 22 años en la cárcel, hasta el gobierno presidido por Felipe González del PSOE, pidió su liberación por ser ciudadano español.

En 1994 el traidor regresó a Cuba para participar en la reunión de miembros de la comunidad cubana en el exterior; es probable que con la misión o la intensión de volver a trabajar solapadamente contra el proceso revolucionario, ya que el año anterior había fundado en Miami una organización contrarrevolucionaria denominada Cambio Cubano, ilusionado con los acontecimientos en el campo socialista. Así volvió varias veces más hasta que en el 2003 anunció su intención de quedarse definitivamente en la Isla para hacer oposición desde adentro.

Cuba no se inmutó, ni cayó en trampas, tampoco lo devolvió a España, su patria. A pesar de ser un traidor vivió en la Habana sus últimos años, sin apoyo, ni reconocimiento de nadie, y fue atendido en los hospitales cubanos gratuitamente, pero con el peor castigo que pueden tener los que como él buscan protagonismo, el de ser ignorado por el pueblo.

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