Adiós a las armas.


Arthur González.

Así podría ser el anuncio de la inesperada renuncia de Esperanza Aguirre de su cargo al frente la Comunidad Autónoma de Madrid, personaje de extrema derecha y comprometida hasta la medula en sus posiciones contra Cuba.

Ella ha sido artificie de cuanta manifestación pública se ha realizado contra la embajada cubana en España, apoyando a la comunidad contrarrevolucionaria mantenida desde Miami y residente en Madrid y aunque cuando le tocó defender a los llamados “presos políticos” cubanos recibidos como opositores en España, les dio totalmente la espalda por dos motivos.

Primero, porque a pesar de ser una mujer muy reaccionaria y anti Cuba, se percató rápidamente de que realmente no eran lo que su embajada en la Habana le decía. De disidentes reales ni sombra, solo unos tíos mercenarios atrás del dinero yanqui y que le crearon un fuerte dolor de cabeza una vez en la península con sus protestas y peleas por obtener beneficios económicos, por encima de trabajadores españoles.

Segundo, porque en España se vino abajo la economía de forma estrepitosa y su líder, Mariano Rajoy, no tuvo de otra que recortarle hasta el mismísimo rabo al gato  y por tanto se acabó el vivir del cuento de “disidentes”. Trabajan o se mueren de hambre como millones de españoles que no tienen ni donde amarar la vaca.

No obstante, una de las últimas y costosas acciones contra Cuba que hizo Esperanza fue la de enviar al joven Ángel Francisco Carromero Barrios, vice secretario general de Nuevas Generaciones del Partido Popular, para abastecer financieramente a la contrarrevolución interna e impartirle orientaciones de cómo actuar para provocar al gobierno cubano y demostrar posteriormente que reprime a la llamada oposición interna, estrategia trazada desde Miami y denunciada por Cuba con pruebas irrefutables.

Quizás esta fue la tapa que ella le puso al pomo, ya que colocó al presidente Rajoy en una posición sumamente incomoda ante la opinión pública mundial y con los propios norteamericanos, pues Esperanza además de que lo envió a la Isla sin la aprobación de su gobierno, la acción se complicó aún más, al fallecer dos cabecillas contrarrevolucionarios en el accidente que causó el propio Carromero por conducir a exceso de velocidad, algo a lo que el joven está acostumbrado en España y que le costara la supresión de su licencia de conducción.

En conclusión, ella cometió un sin número de errores consecutivos en Madrid, que recomendaron su renuncia como salida “digna”, en vez de ser destituida.

Al final  hay que reconocerle que fue fiel al Partido Popular, pero a cada toro le llega su San Fermín.

Por tanto Esperanza no te queda otra cosa que decirle adiós a las armas.

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