La ausencia de sentimientos de la derecha española.


Arthur González.

Según artículo publicado el pasado  11.09.2012 por Europa Press, España, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, finalizó su discurso en el debate sobre el Estado de la Región, recordando a la cooperante secuestrada en Somalia desde octubre del año pasado, Blanca Thiebaut y al vicesecretario general de Nuevas Generaciones, Ángel Carromero.

Sus palabras estuvieron cargadas de doble intensión política, al afirmar que “son dos ciudadanos madrileños que viven en estos momentos situaciones dramáticas, porque les tienen alejados de sus familias y de su patria”. Thiebaut, cooperante de “Médicos Sin Fronteras” lleva secuestrada desde octubre del año pasado y Carromero está preso en una cárcel de la dictadura castrista”.

Estas expresiones son la muestra de la falta de ética y sentimientos que tiene doña Esperanza, no solo por no preocuparse por los más de 4 millones de desempleados españoles, a partir de los continuos recortes que ha impuesto Mariano Rajoy a la económica española, sino porque Carromero es un homicida causante de la muerte de dos seres humanos que dejaron para siempre a esposas, hijos y padres sin sus seres más queridos.

Sería conveniente que la gente sepa que para la Aguirre en política, o mejor dicho en su politiquería, no hay espacio para los sentimientos humanos, al final lo que le importa es el cargo que ostenta y por el cual cobra miles de euros mensualmente.

Carromero no es un inocente secuestrado por bandidos africanos, es un hombre que mató a dos seres humanos por conducir a exceso de velocidad, algo a lo que está acostumbrado y por eso perdió su licencia de conducción en España.

Ahora está detenido acorde a las leyes de un país soberano, al que le costó mucha sangre alcanzar su plena libertad, incluido despojarse del yugo español que acabó inicialmente con todos los pobladores de la Isla durante la conquista brutal, y después durante la guerra de independencia, donde el general Valeriano Weyler impuso una reconcentración de  cientos de miles de campesinos, a los que mató por hambre y enfermedades para que no apoyaran a los mambises cubanos que luchaba por sacar de la Isla al ejército español. Esta reconcentración fue imitada años más tarde por el alemán Adolfo Hitler contra los judíos.

Me gustaría saber cómo reaccionaría Doña Esperanza Aguirre si los muertos hubiesen sido su padre, esposo o hijo. Quizás fueran otras sus palabras y hasta alguna lágrima le corra el maquillaje. Quién sabe.

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