Dios, te salve, ¡Oh, María…!


Me confieso creyente. Al igual que el poeta portugués Spinoza, adoro a un solo Dios: el hombre (en su sentido genérico). Creo devotamente en todo lo bueno que es capaz de hacer si se lo propone (curar enfermedades y salvar vidas, construir edificios fabulosos, crear todo un mundo de cosas impensables para el bien del prójimo), como también creo en todo lo malo que es capaz de hacer cuando se lo propone (destruir países enteros, extinguir especies, borrar de la faz de la tierra todo vestigio de vida). Desde niño, en mi casa vi la imagen de la Virgen de la Caridad y muchos santos. Pero ni los cuentos de mi abuela, ni las costumbres que casi a la fuerza me quiso imponer mi madre para que creyera en ellos, me hicieron devoto. En mi casa siempre convivimos en paz la Virgen, mi madre y sus creencias (no faltaron tampoco los cocos y calderos con hierros) y yo con mi adoración al Dios de Spinoza.

Más, me atrevo a asegurar que ese cuadro se repite desde siempre en casi todas las casas cubanas. Y como la casa es reflejo del país donde se encuentra, Cuba es un poco, también desde siempre, como mi propia casa en materia de religiones: he visto un alto funcionario estatal con collares de colores al cuello y una estampa de la Virgen en la billetera, un babalawo con santos católicos en su altar, y hasta una foto de Fidel en una procesión católica. Eso sí: lo que invariablemente percibo en todo esto de las religiones en Cuba es respeto. Nadie critica la creencia del otro, nadie se ríe del otro, nadie acusa al otro, nadie utiliza las celebraciones de otra religión para mofarse o atacarla. Siempre, por encima de las religiones está el respeto.

Por eso no entiendo a los editores del diario español El País. Aunque sé que no viven en Cuba ni se criaron en una casa cubana, alguien a quien, violando las leyes de Cuba, han nombrado corresponsal en este país,  que sí nació y se crió en una casa cubana. Y ese (más concretamente esa) alguien, utilizando la celebraciones por el Día de la Virgen de la Caridad del Cobre, ha escrito el artículo “Cachita”, publicado por El País el 8 de septiembre, en el que, más allá de recrear la fecha y su significado para los cubanos, convierte las celebraciones en un marco para pintar en el fondo, con odio y bilis, sarcasmo y mal gusto, un cuadro sobre política.

Porque respeto las religiones, no entraré en detalles de la retórica empleada en tal profanación. Como cubano, abogo por mantener el respeto del cual escribí arriba, algo que parece haber olvidado Ibrahim Bosch, que sí nació en Cuba y ahora desde los Estados  Unidos incita a sus “empleados” a ocupar iglesias y montar shows políticos a nombre de la organización “Cuba Independiente y Democrática”, o la morenísima Berta Soler Fernández y sus asalariadas las “Damas de Blanco” en Santa Rita de Casia y El Cobre, y hasta la persona que escribió el triste artículo “Cachita”.

¿Qué por qué no la nombro ahora? Por respeto a mi religión y a las otras. Leí una vez que su segundo nombre coincide precisamente con el de la Virgen María. Por eso, deseando, al igual que todas las religiones, lo mejor para el ser humano y con la esperanza de que estas creencias se mantengan al margen de toda diferencia política, repito lo que en sus creencias decía mi madre, persignándose ante la presencia de una infamia: Dios, te salve: ¡Oh, María…!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s