La manipulación de una extradición


Cuando el año 2010 se inició el escándalo de WikiLeaks  y  el posterior pedido de extradición por Suecia sobre Julian Assange, dueño de ese sitio digital, de inmediato me llamó la atención que un país pudiera reclamar la extradición de una personar solo por el hecho de que una mujer, sin pruebas legales contundentes, acusara a un hombre de violarla.

Eso realmente dejaba definida la manipulación política del caso y el mal olor de que los Estados Unidos estaban detrás de tal invento, para pasarle factura al hombre que puso al descubierto miles de cables cifrados del Departamento de Estado, donde se evidencia la injerencia política de ese país en los asuntos internos de otros.

Demonizar a un hombre por el supuesto de que le realizó el acto sexual a la fuerza, a una mujer que aceptó ir a la cama con él, es algo que ningún adulto puede creer por razones obvias.

Pero, cuál es el peso del hecho para pedir la extradición de Assange, mientras en Estados Unidos de Norteamérica se pasea libremente por las calles de Miami, Luis Posada Carriles, autor de la voladura de un avión civil cubano que costó la vida de 73 personas inocentes, después de entrar ilegalmente al territorio de ese país y Venezuela lo está reclamando por haberse fugado de la cárcel de Caracas y no se ha formado la campaña de prensa que ahora establecen contra Ecuador por aceptar el pedido de asilo del australiano.

Para nadie es un secreto que Suecia es un fiel aliado de los EE.UU. y seguramente una vez en Oslo, Assange,sería reclamado por la justicia yanqui, después de ser absuelto por el tribunal sueco, lo que dejaría limpia la imagen de su sistema judicial.

Todo encaja, es como un acertijo resuelto de antemano. Los norteamericanos están faltos de creatividad, son repetitivos y por eso es que se conoce el final del libreto antes de llegar al capítulo final de la novela, pero lo sorprendente es que la culta y tradicional Gran Bretaña, donde la diplomacia ha sentado cátedra por siglos, se vea presionada a manchar su imagen, al amenazar con violar los privilegios diplomáticos de Ecuador, que se recogen en la Convención de Viena de 1961, de la cual el Reino Unido es signatario.

Algo no anda bien en el Foreign Office, pues tampoco Gran Bretaña ha aceptado escuchar los reclamos de Argentina por la ocupación de las Islas Malvinas, ni siquiera los documentos oficiales, situación que no se hubiese podido pronosticar ni por los más celebres espiritistas, cartománticas o especialistas en parasicología.

Así está el mundo actual. Esperemos para ver cómo terminará la susodicha novela inglesa, la que por supuesto no está a la altura de la ilustre Ágata Christi.

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