El silencio cómplice de la OEA


Arthur González.

Extraño y significativo resulta el silencio de la “Organización de Estados Americanos”, OEA, sobre el sofisticado golpe de Estado coordinado desde la embajada norteamericana en Asunción, Paraguay. Por supuesto si lo hubiese efectuado un funcionario de corte nacionalista con pensamiento de izquierda, contra un neoliberal apoyado por los yanquis, otro gallo cantaría.

Los latinoamericanos estamos acostumbrados a ver a la OEA actuar al servicio de los gobiernos norteamericanos por años, solo recordar cómo se prestó para el complot contra Cuba bajo las presiones del Departamento de Estado y la CIA, todo lo cual está hoy en día desclasificado, comprobándose cuales fueron los planes para estigmatizar a la isla caribeña por no aceptar más órdenes del norte.

El costo de esta actitud libre, soberna e independiente de Cuba fue la expulsión de ese organismo, la invasión por Bahía de Cochinos, y la imposición de de una criminal Guerra Económica y Sicológica que ya duran 53 años, aunque sin lograr los resultados calculados.

Después llegaron otros casos como el de Dominicana, Panamá, Granada, Nicaragua, hasta los más recientes de Venezuela, Honduras, Ecuador y las acciones contra Bolivia.

El secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, acaba de visitar la capital de Paraguay para cumplir un trámite de rigor, pero que nadie espere una condena a este hecho vergonzoso en pleno nuevo siglo.

En estos 12 años ya la región ha visto varios golpes al mejor estilo de los años 70 del siglo XX, cuando el gobierno norteamericano orientó a la CIA a ejecutar el tenebroso “Plan Cóndor”, donde no quedó vivo un solo líder revolucionario, como sucedió en el propio Paraguay, descabezando así a los movimientos de izquierda que se sublevaban ante el oprobio en que vivía Latinoamérica, bajo la bota yanqui.

Según las escuetas palabras de José Miguel Insulza,  entregará al consejo permanente de la OEA su informe de evaluación sobre la crisis paraguaya. De ante mano se sabe que no lo condenará  y  si algo dice para no hacer el papel de lacayo ante los ojos del mundo, será bien pálido para no disgustar a la Sra. Hillary Clinton y a la CIA.

Esperemos pues unos días para conocer de qué lado está la OEA.

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