De lo que no se habla en la prensa Norteamericana.


Arthur González.

Si en Cuba ocurre una muerte por la causa que sea, se forma de inmediato una gran campaña mediática con apoyo de los diarios más importantes de Estados Unidos y de sus aliados europeos y latinoamericanos.

Algo muy diferente sucede si el deceso se produce en territorio norteamericano. Allí la muerte de un ciudadano no mueve a noticia, así sea producto de los golpes de la policía fronteriza o de la estatal.

Como algo insólito y ante la gravedad del tema, el secretario de Defensa, León Panetta, ha mostrado su preocupación por la alta tasa de suicidios entre las Fuerzas Armadas estadounidenses y urgió poner más énfasis en la salud mental. ¿Por qué habrá hecho público esa problemática?

Es evidente que el incremento aritmético de los casos tienen que justificarlo con situaciones relacionadas a la salud mental, pero ¿Cuáles son las razones que tuvieron los soldados que optaron por el suicidio?.

 Por supuesto que las guerras fratricidas que lleva a cabo Estado Unidos contra Afganistán, Iraq, sus intervenciones “por error” en Pakistán y recientemente en Libia, donde los jóvenes soldados norteamericanos, presionados en muchos casos por la crisis económica, se han visto envueltos en el campo de batalla, asesinando a niños, mujeres, ancianos y población civil en general, lo que evidentemente pesa sobre la conciencia de estos muchachos que no tienen madurez ni la intensión de matar, son obligados por los mandos militares y políticos que deciden donde intervenir y a quienes matar.

El asunto llega bastante lejos, ya que se ha filtrado a la prensa que solo en los primeros 155 días del año 2012 se han producido más de 154 suicidios entre militares, casi el doble de los muertos que reconocen haber tenido en Afganistán.

Lastima deben tener los altos mandos militares para sus soldados, los que una vez culminada su misión se licencian del ejército con huellas imborrables en sus mentes, que les causan tantas pesadillas y remordimientos por los crímenes cometidos, que no ven otra solución que su muerte.

Triste final el de estos jóvenes. Algún día sus jefes militares y los presidentes G.W. Bush y Barack Obama deberán enfrentarse a un juicio terrenal o ante Dios para exponer sus culpas.

Tarde o temprano, los crímenes causados serán castigados, no lo dudo.

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