La visión del maestro.


Arthur González.

El Apóstol de nuestra independencia y héroe nacional de Cuba José Martí Pérez, supo como ningún cubano de su época, ver el peligro que asechaba a América latina, a partir del desarrollo del imperialismo que tenía lugar en los Estados Unidos.

El día antes de caer en combate el 19 de mayo de 1895, Martí escribió una carta a su amigo mexicano Manuel Mercado, en la cual le explicaba con claridad meridiana, lo que a su modo de ver era el mayor peligro para el futuro inmediato de la región y por tanto se convertía en uno de los principales objetivos de su lucha por lograr la independencia de Cuba del coloniaje español.

En esta última misiva Martí aseguraba:

“Ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber -puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo, de impedir a tiempo con la independencia de Cuba, que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América.

Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso. En silencio ha tenido que ser y como indirectamente, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas, y de proclamarse en lo que son, levantarían dificultades demasiado recias para alcanzar sobre ellas el fin”.

Pero estas verdades son ocultadas por los norteamericanos de hoy y sus asalariados de Miami, que manipulan inescrupulosamente su proyección política, trasladando solo la de un poeta romántico, sin posiciones radicales anti imperialistas, e incluso mancillan su nombre para denominar con él una emisora de radio y otra de televisión al servicio del imperio contra Cuba, para transmitir informaciones subversivas con el sueño trasnochado de derrocar la revolución popular que triunfó en esta isla, con el respaldo de la inmensa mayoría del pueblo y siempre bajo los “principios Martianos”.

Las generaciones de cubanas y cubanos de hoy defendemos estos principios, convencidos de que si no luchamos como quería Martí, permitiríamos que los traidores acurrucados en Miami a la sombra del dinero yanqui, hagan realidad lo que el Apóstol avizoró, la anexión al Imperio.

Por eso nuestro compromiso con él en su aniversario de muerte de no bajar la guardia y seguir los mismos preceptos que esbozara a su hermano mexicano Manuel Mercado, cuando le aseguró:

“Las mismas obligaciones menores y públicas de los pueblos -como ése de Vd. y mío, -más vitalmente interesados en impedir que en Cuba se abra, por la anexión de los Imperialistas de allá y los españoles, el camino que se ha de cegar, y con nuestra sangre estamos cegando, de la anexión de los pueblos de nuestra América, al Norte revuelto y brutal que los desprecia”.

“Las mismas obligaciones menores y públicas de los pueblos -como ése de Vd. y mío, -más vitalmente interesados en impedir que en Cuba se abra, por la anexión de los Imperialistas de allá y los españoles, el camino que se ha de cegar, y con nuestra sangre estamos cegando, de la anexión de los pueblos de nuestra América, al Norte revuelto y brutal que los desprecia”.

En nosotros está vivo su pensamiento, porque como el mismo dijo “nuestra honda es la de David”.

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