La dictadura de Miami.


Arthur González.

Como si fueran pocas las acciones y medidas propuestas contra todo mejoramiento de relaciones entre dos vecinos cercanos, como son los Estados Unidos y Cuba, la mafia anticubana radicada en Miami, mantiene en jaque a la actual administración del presidente Barack Obama ante la más mínima aprobación de cualquier cosa que pudiera resentir la Guerra Económica impuesta contra la mayor de las Antillas desde hace 50 años.

Ahora tocó el turno a una simple visa de entrada al territorio norteamericano para participar en reuniones académicas, como las otorgadas a dos personas de incuestionable curriculun profesional e incluso con obras reconocidas internacionalmente, como son los doctores Eusebio Leal y Mariela Castro.

Que el Departamento de Estado haya actuado con sensatez y acorde a las más elementales normas internacionales, ha dado pie para que los sectores extremistas de esa mafia anticubana, acusen al presidente Obama de “legalizar la presencia de enemigos públicos en Estados Unidos” y según ellos “hacerle una concesión al régimen”. Por supuesto que estas acusaciones provienen de los archiconocidos congresistas Ileana Ros Lehtinen, Mario Díaz Balard, Albio Sires y David Rivera, y de los senadores Bob Menéndez, y Marco Rubio, todos ellos con carreras políticas fabricadas por mantener posiciones estridentes, rígidas y preñadas de inmovilismo en el tema Cuba.

Pero lo que realmente causa lástima es la posición defensiva que adopta el Departamento de Estado, dándole explicaciones por temor a acusaciones manipuladas que afecten la campaña electoral de Obama.

Esto es una prueba más de cómo la mafia anticubana (la que el propio gobierno norteamericano ayudó a tener poder), es quien tiene encadenada la política exterior de Estados Unidos e influye directamente sobre fiscales, jueces, comerciantes, religiosos, artistas y políticos, los que por temor a ser acusados con el cliché de comunistas o favorecer a Castro le rinden cuentas con bastante sumisión.

Sin embargo, ninguno de los congresistas o senadores de origen cubano, protesta ante su gobierno por permitirle la entrada a los EE.UU. a los responsables de asesinatos en masa de palestinos, o de que niños inocentes mueran de hambre y enfermedades por falta de asistencia médica, ni contra los que reprimen salvajemente manifestaciones pacíficas de los trabajadores que han perdido sus empleos, como es el caso de los Indignados españoles, británicos, griegos, franceses, italianos y alemanes.

Esa es la triste historia de los congresistas que tienen la responsabilidad de trabajar por mejorar al pueblo norteamericano.

Deberían mirar más las protestas de los “Ocupantes de Wall Street”, trabajar en resolver sus demandas y dejar de jugar a la política exterior, con el fin de enriquecerse con los millonarios presupuestos asignados para intentar acabar con la Revolución cubana.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s