La verdad se abre paso.


Arthur González.

No hay nada mejor que un día tras otro, según un viejo proverbio. Ahora le ha tocado el turno de sufrir las mentiras y campañas venenosas desarrolladas por la derecha Mafiosa de Miami, a la institución más antigua que conoce la humanidad, la iglesia católica. Durante 50 años las relaciones entre la jerarquía católica cubana y la dirección de la revolución socialista pasaron por diferentes momentos de evitación-aproximación, hasta hoy que llegaron a un diálogo sensato y provechoso para todos.

Pero es aquí donde se encuentra la manzana de la discordia. Los que se abrieron paso fuera de Cuba, mediante la carrera de contrarrevolucionarios y por la que obtienen fabulosas sumas de dinero con los presupuestos asignados por el gobierno norteamericano, no aceptan que se les escape algo que pudiera afectar la estabilidad económica y política de la que han gozado en el último medio siglo.

De ahí que en estos momentos se empeñen en atacar el diálogo alcanzado entre el Cardenal y Arzobispo de la Habana, Jaime Ortega Alamino y el presidente Raúl Castro Ruz. No por gusto tratan de lacerar su imagen, con el empleo de frases manidas como “plegarse al gobierno”, traicionar a los disidentes” y otras más, que persiguen crear una matriz de opinión negativa sobre su gestión y obligar a la alta jerarquía a retractarse de esa línea y aceptar las condiciones que exigen los grupúsculos contrarrevolucionarios internos, entrenados y financiados por los norteamericanos y sus contrapartes en Miami.

Cuba siempre ha denunciado la paternidad de la contrarrevolución, la cual desde 1960 fue creada por la CIA, bajo el encargo del presidente Eisenhower, según consta en documentos oficiales del gobierno yanqui, y ha tenido que sufrir campañas preñadas de mentiras y falsedades, verse reflejada en cuanta lista negra confecciona el Departamento de Estado, e incluso la imposición de un relator especial para los derechos humanos, cuando el mundo sabe que jamás se ha torturado a nadie ni hay un solo desaparecido después de 1959, y que todo es producto de la imagen prefabricada en Miami para tratar de aislarnos de la comunidad internacional

Ahora le tocó el turno al Cardenal Ortega, por tanto podrá sentir en carne propia como duele la mentira despiadada, la ponzoña venenosa de los que viven de esas actitudes y podrá comprobar cómo se confabulan entre ellos para tergiversar declaraciones y acusar a los que actúan con limpieza, cuando la verdad dicha en público afecta sus intereses financieros ligados a las posiciones políticas alcanzadas.

Estoy convencido que hoy los que mienten, engañan y acusan a personas honestas, están cada vez más aislados, porque no aceptan que la sensatez y la cordura se impongan, son por excelencia los enemigos del diálogo, la tolerancia y la paz.

Triste papel desempeñan los que traicionan a su patria y a Dios por intereses mezquinos, pero como dijo San Juan: Conoceréis la verdad y esta os hará libres. Al final la historia nos absolverá.

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