La Bola Cantada.


Arthur González.

El pasado mes de abril el actual canciller español José Manuel García-Margallo, declaró sin ton ni son, que no visitaría la Isla de Cuba mientras no pudiera reunirse con los “” y protegidos del gobierno norteamericano. Por eso le propuse que mejor se ahorraba el gasto del viaje y en vez de eso podía bajar las escaleras de su despacho, en pleno corazón de Madrid, y entrevistarse con los casi 200 ex reclusos y sus familiares que están ahora en huelga de hambre, al quedar sin amparo financiero por decisión del propio Canciller y de su flamante presidente Don Mariano Rajoy.

Pero siempre existen lacayos dispuestos a servir a quien les paga y aplaudir hasta la fatiga las decisiones de sus patrocinadores. Este es el caso de Oswaldo Payá Sardiñas, vieja relación de la España más reaccionaria y fiel amante de los EE.UU., a pesar de ser una de las figuras más controvertidas de la llamada diplodisidencia cubana, por ser el único que trabaja para el gobierno revolucionario en el Ministerio de Salud Pública.

Payá agradeció al actual Canciller español de que no haya aceptado “las reglas del opresor”, (léase el gobierno cubano), a cambio de mantener buenas relaciones con el régimen castrista y de que España esté dando muestras de un cambio de “respeto a la soberanía de los cubanos”.

¿Se habrá quedado parado en el tiempo de cuando Cuba era colonia española? ¿A qué respeto de la soberanía se refiere?.

Soberanía para los cubanos con dignidad, es no admitir que ningún extranjero se venga a inmiscuir en nuestros asuntos internos, ni pague, ni prepare a un grupo de “diplodisidentes” para que actúen a su conveniencia. Lo otro se llama “injerencia” en los asuntos internos.

Nuestro canciller Bruno Rodríguez pudiera decir también que no visitará España sino puede entrevistarse con los “Indignados españoles” que son apaleados y detenidos injustamente por solo pedirle al gobierno español que no les recorte los presupuestos de servicios de salud y la educación y que les garantice un trabajo para poder vivir decentemente. ¿Cómo vería esa petición el Sr. José Manuel García-Margallo?

Esta es la triste posición de la llamada “disidencia cubana”, siempre al servicio del extranjero. Solo le falta ahora a Payá pedir que se imponga nuevamente el apéndice constitucional de 1902, conocido como “Enmienda Platt”, bochorno para la soberanía cubana que permitía a los norteamericanos intervenir militarmente en Cuba cada vez que ellos lo consideraran necesario, para salvaguardar el orden y por supuesto controlar las relaciones exteriores e inversiones cubanas.

Pero como se dice en el argot “beisbolero”, la bola estaba cantada, o sea, se conocía de ante mano cuál sería la posición de los asalariados de Miami.

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