El silencio de los vigilantes mundiales de los derechos humanos.


Arthur González.

El pasado “1ro de mayo” se celebró en muchos países, pero desgraciadamente no en todos fue una fiesta de los trabajadores como en Cuba. En Estados Unidos, país donde debió celebrarse por lo alto, por ser allí donde los “mártires de Chicago” dieron sus vidas para alcanzar mejoras laborales, este año fue realmente un día de protestas y reclamaciones.

El movimiento Ocupa Wall Street fue quien llevó adelante las manifestaciones y paros laborales desde New York hasta San Francisco, en protesta por los abusos cometidos por las grandes instituciones financieras.

En Oakland, California, la policía demostró de lo que son capaces para enfrentarse a los que se atreven a desafiar al sistema. Las golpizas fueron brutales y los arrestos de pacíficos reclamantes de mejoras de vida, se contabilizan en cientos, desconociéndose en qué condiciones se encuentras los detenidos y por cuantos días estarán tras las rejas, tratados como vulgares delincuentes, cuando en verdad son trabajadores honestos que han perdido sus empleos.

Los campeones de los Derechos Humanos del mundo, los que se atribuyen el derecho de condenar a otros e incluirlos en listas negras, escenificaron una cruel represión en New York con cientos de policías antimotines custodiando el “Bank of América”.

En otras capitales de la vieja y culta Europa también se presenciaron actos similares, donde España llevó la voz cantante por ser el país de la Unión que más altos índices de desempleo muestra hoy en día. Francia, Grecia, Portugal, Italia, Alemania y otros más, también tuvieron sus actos de reclamación de mejoras laborales, mayores presupuestos para la salud y la educación.

En Londres el grupo de los indignados ocupó la plaza de la bolsa de la City, distrito financiero del Reino Unido y exigieron protección para el futuro de todos los ciudadanos.

Lamentablemente las represiones de la policía norteamericana o de sus homologas europeas, así como las detenciones de cientos de personas por protestar pacíficamente por mejoras del nivel de vida del pueblo, no son lo suficiente preocupantes para que el presidente del grupo de Detenciones Arbitrarias del Consejo de los Derechos Humanos exijan a esos gobiernos explicaciones.

Sin embargo, cuando en Cuba se detiene a un asalariado de Miami, donde todo el mundo conoce que el gobierno norteamericano asigna anualmente un presupuesto de 20 millones de usd para pagar actos provocativos contra el gobierno revolucionario, acciones de propaganda mediática y otras medidas como parte de la Guerra Sucia que llevan a cabo desde hace medio siglo, entonces si hay reclamos, solicitudes y campañas propagandísticas.

Así es la doble moral de estos engendros al servicio de quien paga, que finalmente es el que manda.

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