Cumple Londres orientaciones de Washington a pie de la letra.


Arthur González.

Como un súbdito más que un aliando, el Reino Unido apresura a cumplir con los pedidos de los Estados Unidos, en relación a la “campaña mediática” contra la revolución cubana.

A pesar de las brutales represiones que ha desarrollado la policía británica contra miles de manifestantes pacíficos, que en los últimos meses reclaman mejores condiciones de vida, ahora el ministro de Asuntos Exteriores William Hague, se lanza de bruces ante los dictados de su homóloga Hillary Clinton para acusar a Cuba de “empeorar” los derechos humanos, según se plasma en el informe anual sobre la situación de derechos humanos de 2011 que presentó su Servicio Exterior.

Esta acción evidentemente persigue el objetivo de crear las condiciones dentro del seno de la Unión europea para no cambiar la posición común en cuanto a las sanciones promovidas contra Cuba, algo que es de interés particular de los Estados Unidos y solicitado a todos sus aliados incondicionales.

Gran Bretaña muestra uno de los índices más altos de protestas en Europa en los últimos meses, especialmente por jóvenes que no encuentran trabajo y ven su futuro muy incierto, siendo víctimas de las acciones represivas de las fuerzas policiales.

Hay que tener muy bajos los niveles de vergüenza para acusar a un país al que nunca le han podio fotografiar a su policía propinando las palizas como la que hemos apreciado en Londres, otras ciudades del Reino e incluso en New York, que han dado la vuelta al mundo por su salvajismo. Pero los dueños de los grandes medios y los políticos que presionan y mandan en este mundo “tan pleno de libertad de expresión” no son capaces de condenar tales actos, pues al parecer lo que hacen sus cuerpos policiales no son hechos condenables.

No obstante, debemos esperar solo unos meses para poder palpar como se “cuidan los derechos humanos” en Londres, durante la celebración de los Juegos Olímpicos; seguramente veremos a su policía con cascos, escudos y cachiporras al mejor estilo de los gladiadores romanos, no para dar un contexto de época con ese vestuario, sino para reprimir a los que protesten por los altos costos de esos Juegos, a pesar de las penurias que afronta la población británica, a partir de los fuertes recortes presupuestarios, incluidos los del “Foreign Office”, que ha dado como resultado que cientos de diplomáticos se encuentren hoy sin trabajo; sino que pregunten en la embajada Británica en la Habana cuántos puestos de trabajo han racionalizado.

Tiempo al tiempo y quizás la policía cubana aprenda de su par británica cómo se debe tratar a los “opositores”.

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