Triste papel le ha toca jugar.


Arthur González.

Víctima del atascamiento en que se ha visto envuelta la política norteamericana relacionada con Cuba, quienes por ley deben trazar la dirección de las relaciones internacionales, no pueden dar ningún paso que disguste a la “mafia anticubana”, debido a que esta tiene textualmente secuestrada la política de los EE.UU., al convertir las relaciones con la Habana en un problema de política doméstica.

La más reciente demostración ha sido el cuestionamiento de la representante republicana Ileana Ros Lehtinen ante la visa de entrada a Washington otorgada a la directora de Estados Unidos del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, Josefina Vidal.

De inmediato empezaron las acusaciones, como si esta fuese la primera vez que la funcionaria cubana visitara ese país. La visa entregada, según el diario “El Nuevo Herald” fue para trabajos internos en la Sección de Intereses de Cuba en Washington, algo que debería verse como normal, si las relaciones entre los dos países no estuvieran saturadas por el odio de los cubanos emigrados en la Florida.

La manipulación ahora es que el esposo de esta funcionaria fue expulsado por el presidente Bush en el 2003 junto a 14 diplomáticos cubanos. Todo el mundo sabe como emplea EE.UU. el término de “espionaje” cuando quiere crear una matriz de opinión contra alguien, cuando son precisamente ellos los que llevan el primer lugar en ese aspecto en todo el Mundo.

El Ministerio de Relaciones Exteriores cubano siempre ha sido muy cuidadoso y profesional con su política exterior y por eso otorga constantemente visas a diplomáticos norteamericanos, a pesar de que muchos tienen como única misión vincularse con los grupúsculos contrarrevolucionarios, entrenarlos, abastecerlos e intentar infructuosamente de unirlos, lo cual hemos visto por la TV inmiscuyéndose en nuestros asuntos internos. No obstante ninguna se han expulsados por llevar a cabo actos contra la estabilidad interna en violación total de las normas diplomáticas.

Lamentablemente el portavoz del Departamento de Estado, William Ostick, se vio obligado a darle explicaciones a la Sra. Ros Lehtinen, cuando es el Departamento de Estado quien debería pedirle cuentas a ella, una congresista norteamericana, por vincularse estrechamente con elementos terroristas que han puesto bombas en hoteles y restaurantes en Cuba y en aviones civiles en pleno vuelo, que causaron la muerte de inocentes civiles.

Por eso causa lastima el papel que le ha tocado jugar al Departamento de Estado.

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