La verdadera cara de los que exigen la libertad de expresión.


Arthur González.

Los que se han pasado 53 años acusando a Cuba de falta de libertades de todo tipo, están demostrando realmente donde es que se coarta la tan cacareada libertad de expresión y de pensamiento.

Hace solo unas semanas el manager de los “Marlins”, Ozzie Guillén, supo realmente como actúa la “mafia anticubana” en relación a la libre expresión y la democracia. Por solo querer pensar con libertad y hacer uso de su derecho, planteó que simpatizaba con Fidel Castro, lo suficiente para ser fue multado por cinco semanas sin cobrar su salario, al creerse que en Miami se podía pensar de forma distinta a la que ellos imponen por la fuerza.

Ahora le tocó el turno al Cardenal Jaime Ortega Alamino, quien expuso en una conferencia en la Universidad de “Harvard” la realidad de la “diplodisidencia” cubana (contrarrevolucionarios solo reconocidos por los diplomáticos norteamericanos y sus aliados) y calificó de delincuentes a los 13 elementos que se introdujeron a la fuerza en la iglesia de “Nuestra Señora de la Caridad”, siguiendo las instrucción del dirigente del llamado “Partido Republicano de Cuba”, Ibrahim Bosch, por tener amplios antecedentes criminales. Suficiente para que la reacción contra el prelado no se hiciera esperar.

Ahora califican su conferencia de “deplorable, discriminatoria, éticamente inaceptable y carente de prudencia”. Por supuesto si hubiese declarado que el comunismo en Cuba estaba acabado, que los mercenarios pagados por la mafia de Miami son opositores al castrismo, perseguidos y paleados, hasta una medalla le hubiesen entregado, tal y como hizo recientemente Judy Shelton actual vicepresidenta de la junta de directores de la “National Endowment for Democracy”, NED, la que violando las condiciones migratorias de su visado turístico, se reunión con elementos contrarrevolucionarios para entregar una condecoración otorgada post morten por la NED a la asalariada de Miami, Laura Pollán.

Mientras en la Habana, siguiendo los dictados de sus patrocinadores miamenses, también han condenado al Cardenal solo por no mentir ante Dios y ante los hombres, pues si alguien pudo conocer la calaña de los “diplodisidentes” ha sido precisamente él y sus sacerdotes, los que han escuchado acusaciones falsas, verdades tergiversadas y el invento constante de fabulosas historias de represiones que nunca existieron.

Sacerdotes como Monseñor José-Pepe-Félix Riera, párroco de la iglesia “Santa Rita de Casia” que ve semanalmente a las llamadas “Damas” de Blanco, saben realmente porque ellas se han acercado a la iglesia los domingos y cuál es su conducta ante los cultos. Pero cuidado con hablar la verdad. Esa no se puede decir si no coincide con los dictados de Miami, pues quien se atreva a expresar otra cosa será castigado como lo es hoy Jaime Ortega, aunque toda su hoja de servicios esté consagrada a la Iglesia y no haya ni la mínima sombra de coincidencia ideológica con la doctrina comunista.

Esa es la doble moral de los piden a Cuba libertad de pensamiento, paz y reconciliación. Los mismos que también le solicitaron al ex presidente del imperio George.W. Bush tres días de “licencia para matar a todos los comunistas”, si lograban algún día derrocar a la Revolución.

Un pensamiento en “La verdadera cara de los que exigen la libertad de expresión.

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