En busca del paraíso.


Arthur González.

Con el sentimiento de buscar el paraíso de la supuesta abundancia y libertad plena del hombre, en junio del 2010 viajaron España 115 excarcelados cubanos y 647 familiares y allegados. Atrás dejaron su patria y los beneficios del socialismo en una Cuba bloqueada hace 50 años por el Imperio más poderoso y despiadado de la era moderna.

¿Qué ganaron y qué perdieron?

En primer lugar ganaron la posibilidad de viajar y conocer otro mundo, poder comparar como viven otras personas y cuánto cuestan las cosas que en Cuba obtenían a bajos precios o de forma gratuita, poder protestar cuando consideren que no son bien atendidos y también ser ignorados ante sus reclamos por funcionarios que les importa un comino si comen o no y sin obligación de darles una respuesta.

Ganaron además la posibilidad de ver como los obreros, estudiantes, desempleados y amas de casa tienen el derecho de protestar en una plaza y como ante esto la policía tiene la potestad de darle la paliza más grande y salvaje que un ser humano pueda imaginarse, con gases lacrimógenos incluidos, algo que nunca hubiesen conocido de no ser por haber viajado a España, pues en Cuba eso solo se ve en las películas norteamericanas. También ganaron conocimientos en que la gente vale por lo que tiene o como dice la canción, “Tin tiene, Tin vale”, “Tin no tiene, ni  Tinvale”.

¿Qué perdieron? La posibilidad de vivir en Cuba sin trabajar y a pesar de eso que sus hijos y padres reciban asistencia médica gratuita, incluidas operaciones, fisioterapias y 13 vacunas contra enfermedades contagiosas,  escuelas gratis para sus hijos, y los adultos mayores que pueden estudiar carreras universitarias sin costo alguno.  El ser los hijos predilectos y mimados de la misión diplomática norteamericana, donde los abastecían de lo que necesitaran para actuar libremente contra la Revolución, incluido el acceso gratuito a Internet para trasladar al mundo noticias falsas. Perdieron una canasta básica de productos de primera necesidad, como arroz, frijoles, chicharos, azúcar, sal, café, pollo, huevos, pastas, yogurt, aceite vegetal, a precios mínimos que no llegan a los 15 dólares mensuales. Una vivienda quizás en no buen estado o falta de pintura, pero propia gracias a la ley revolucionaria que entregó en propiedad el 90 por ciento de las casas a su moradores. El derecho de ir a un cine, ballet o teatro por solo 25 centavos de dólar, o a un museo de arte universal por solo 10 centavos de dólar. Sentarse en el muro del malecón habanero a ver caer el sol y respirar el aire puro d un mar sin contaminación, bailar un buen son o chachachá con las mejores orquestas del mundo y saborear el ron cubano, y sobre todo perdieron el derecho a estar en la tierra más hermosa que ojos humanos vieron, a decir de Cristóbal Colón.

Pero algo grande ganaron y es que nadie sabe lo que tiene hasta que no lo pierde.

Ahora si saben de verdad lo que es la Primavera Negra, pero a la española.

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