Bailar en casa del Trompo.


Arthur González.

La bloguera más premiada de Cuba, Yoani Sánchez Cordero, derivada ahora en la vocera oficial de la contrarrevolución asalariada del gobierno norteamericano, lamentò que la dirigente estudiantil chilena Camila Vallejo no viera lo que según ella denomina  la “otra Cuba”.

Lo que Yoani no quiere reconocer es que la “otra Cuba”, entiéndase la contrarrevolución en esta Isla, a la que la prensa de Miami y sus lacayos han clasificado como “disidentes”, no son más que un grupúsculo de diplodisidentes, conocidos solamente en algunas embajadas de la Habana, principalmente en su cuartel general, la Sección de Intereses de los Estados Unidos y otras europeas, están ausentes de autenticidad, pues han sido creados por los norteamericanos y reciben anualmente un presupuesto de 20 millones de dólares para las actividades subversivas contra Cuba.

Esos diplodisidentes no se parecen en nada a los jóvenes chilenos que protestan por mejorar su nivel educacional, son muchachos limpios de antecedentes penales, están politizados, no son manipulados desde el exterior y no reciben dinero de los yanquis ni de otra potencia extranjera.

Camila y todos los estudiantes que se han sumando a sus reclamos, son brutalmente reprimidos por la policía, no con actos de repudio verbal como los que reciben en Cuba los diplodisidentes por parte del pueblo revolucionario, que tiene todo el derecho de defender su Revolución, sino que han sentido en carne propia las esposas plásticas y de acero, encajándose en sus brazos, tienen heridas en sus cuerpos como resultado de salvajes golpizas y  reciben potentes chorros de agua fría empapándole hasta las entrañas. Además, sufren detenciones sin respaldo de campañas mediáticas promovidas por las agencias de prensa, como hacen con los diplodisidentes en Cuba.

Por tanto, Camila Vallejo no perdió su tiempo en conocer a unos 70 diplodisidentes, muchos de ellos con amplios antecedentes delictivos, que solo dan conferencias de prensa y caminatas provocativas por la 5ta avenida de la capital cubana, sin la más mínima represión policial, pero con amplia presencia de periodistas que los estimulan en sus acciones, y jamás han sentido lo que es una andanada de palazos y chorros de agua sobre sus cabezas.

Los jóvenes chilenos tienen que trabajar muy duro para costearse sus estudios, los diplodisidentes en Cuba, desde que se asocian a cualquiera de los grupúsculos patrocinados desde Miami, no vuelven a trabajar más, no les hace falta porque los mantienen con el dinero que mensualmente les envían.

Si esa es la “otra Cuba” que Yoani quería que Camila conociera, debe tener presente que no puede aspirar a que un activista auténtico por los derechos humanos se preste para una farsa como la de los diplodisidentes,  porque en honor a la verdad no se puede querer bailar en casa del trompo.

Un pensamiento en “Bailar en casa del Trompo.

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