El odio es también un pecado capital.


Arthur González.

En cada declaración, entrevista, discurso o comentario de los miembros de la mafia anticubana asentada en Miami, se percibe el odio hacia Cuba y su gente.

Todo cuanto se pueda decir o hacer para ver fracasar cualquier empeño por mejorar el bienestar del pueblo, es visto con mala cara por los que viven al norte del estrecho de la Florida.

Los que hablan de dientes hacia afuera de democracia, pluripartidismo, libertad de expresión, de movimientos y pensamiento, se desdicen de inmediato si de Cuba se trata.

Esto se comprueba si alguien en los Estados Unidos quiere hablar con el gobierno de la Habana e intentar limar asperezas, o establecer un negocio, hacer una puesta en escena con un espectáculo de artistas cubanos residentes en la Isla, una exposición plástica u otra manifestación de cualquier tipo.

Si es un intercambio académico en el que se plantean ideas o líneas de pensamiento diferentes a las de la mafia de Miami, lo tildan de inmediato de comunista al servicio de los Castro y hasta ahí llegó la cosa.

Algo por el estilo pasa si uno de Miami quiere pasarse unos días de descanso en Varadero o Cayo Coco, nada de eso es permitido, pues según ellos ayuda al gobierno comunista.

Hasta que punto llega esta obsesión que hace unos días el senador republicano Marco Rubio, durante un discurso expresó su preocupación “por el espacio político de la iglesia en Cuba y el incremento de las relaciones entre las autoridades católicas y el gobierno de la isla”. O sea que tampoco es visto con buenos ojos que la jerarquía católica pueda tener una relación armónica con el gobierno cubano, pues podría no ser provechoso para la contrarrevolución interna. Y después quieren hablar de democracia, libertad de expresión y pensamiento. ¿En qué quedamos?

Cuando el tema es Cuba todo se trastoca, el odio es tan grande y visceral que ningún precepto se mantiene incólume, todo es diferente.

Por eso no es que los Castros estén en el poder y no exista la posibilidad de un entendimiento, es al revés.

Las evidencias confirman que mientras en Miami exista una Mafia batistiana incapaz de evolucionar y transitar pacíficamente hacia la verdadera democracia, no habrá diálogos que permitan un cambio armónico,  pues si lo hicieran ¿de qué vivirían?

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