¿Disidentes o delincuentes?.


Arthur González.

Amigos lectores necesito detenerme en este hecho para que entiendan hasta que punto los mercenarios pagados por la mafia anticubana radicada en Miami, son capaces de hacer:

En dias pasados lo  sucedido en la iglesia de Nuestra Señora de la Caridad en la Habana no tiene paralelo en la historia.

Un grupo de delincuentes comunes bajo el ropaje de disidentes irrumpió en dicha iglesia y contra la voluntad de su párroco, permaneció dentro del Templo durante más de 48 horas, dando cumplimiento a orientaciones recibidas desde Miami, del grupo contrarrevolucionario de la mafia anticubana denominado Partido Republicano de Cuba, con el marcado propósito de crearle problemas a la jerarquía local y además obligar al Papa Benedicto XVI a emitir declaraciones políticas durante sus homilías en su próxima visita a Cuba.

Uno de los autores del hecho resultó ser Vladimir Calderón Frías, quien brindó varias declaraciones a la prensa internacional desde el templo y segun algunos “disidentes” de los que acuden a la Seccion de Intereses Norteamericanos en la Habana, este  fue expulsado por diplomáticos yanquis, junto con su hermano Ulises Calderón acusados de robo dentro del propio recinto diplomático.

En las primeras horas en que se conoció este hecho, algunos contrarrevolucionarios apoyaron la acción, aunque no sabían quiénes eran sus participantes. No obstante, para ellos todo lo que pueda afectar al gobierno revolucionario es bien recibido, aunque se trate de un acto repudiable para todo el que tenga un poco de sentido común y respeto por la casa de Dios, algo que la “disidencia” no tiene.

En esta línea, se destacó el “Faquir” cubano, Guillermo Fariñas, quien ha declarado públicamente desde el 011.01.2012 que pretende ejecutar provocaciones en la calle para ser detenido y tener elementos para acusar al gobierno de represor, según dijo a la agencia EFE.  Ahora Fariñas confesó a la propia agencia española de noticias que “ocupar un templo católico es un método de lucha pacífico”. ¡Qué falta de respeto hacia la religión tiene este personajillo! Con tal de tener algún protagonismo, atenta contra su vida, escandaliza en plena vía o muestra su cuerpo semi desnudo ausente de vellos y pelo.

Otros más camajanes como Elizardo Sánchez, en vez de opinar sobre un hecho realmente condenable por irrespetuoso y que pone al descubierto el carácter delincuencial de esa “disidencia”, se van por la tangente, al pedirle al gobierno que no tome represalias con los que violaron la casa de Dios y del propio párroco que en ella reside oficialmente; además de defender a los que desde Miami organizaron tal acción, denunciada por la propia jerarquía católica cubana.

En el caso de Yoani Sánchez, niña mimada de las agencias federales norteamericanas, carente de respeto religioso y disgustada por las declaraciones de Orlando Márquez, vocero del Arzobispado habanero, quien había denunciado el pasado mes las presiones que están recibiendo de los contrarrevolucionarios de Miami y sus asalariados de Cuba y ahora rechazó enérgicamente la acción de violar el templo y tomarlo como trinchera política; demostró cierta simpatía por el hecho al opinar en su Twitter que “tomar una iglesia es una acción cívica que también se ha dado en otros países como en España durante la dictadura franquista”, a la par que  aseguró tener la peor opinión de la nota del arzobispado publicada en el diario Granma”, por su puesto a ella y a otros asalariados de los yanquis nada que los señale o denuncie les agrada, sea quien sea.

El caso más significativo resultó ser el de las Damas de Blanco, pues al decir sínico de su autotitulada presidenta Berta Soler, ellas respetan el accionar de esas personas, pero no es la línea de las Damas de Blanco”.

Claro está que no puede esa señora rechazar un acto así, porque a pesar de que asegura que ellas “van a la iglesia a orar y a estar cerca de Dios”, los laicos y feligreses que acuden los domingos a la misa de la iglesia de Santa Rita de Casia y a la iglesia del Cobre en Santiago de Cuba, saben que lo menos que hacen es atender al culto religioso y la palabra de los sacerdotes, estando todo el tiempo discutiendo entre ellas y molestando a los verdaderos creyentes.

Jamás ninguna de esas señoras se ha confesado ni comulgado, y la mayoría no sabe ni rezar. A este grupo si le sirve el sayo de que la iglesia no es trinchera política pues a lo que van ellas es a llamar la atención de diplomáticos norteamericanos, checos, polacos, suecos y la prensa extranjera, además de reportarse ante la “jefa” para cobrar la mesada remitida desde Miami.

La acción de tomar la iglesia ha servido para medir las posiciones de cada una de las fracciones de la llamada “oposición” cubana, la que nunca ha logrado ponerse de acuerdo por carecer de ideología, pero les sobre interés por los dólares norteamericanos.

Todos los llamados “disidentes” que emitieron declaraciones, evidenciaron su verdadera naturaleza y de cómo responden disciplinadamente a las órdenes de sus patrocinadores en Miami.

La posición del ex recluso santiaguero Daniel Ferrer es un vivo ejemplo. Trató de bajarle perfil a la violación del templo y responsabilizar a la iglesia, según él por descuidar su labor en defensa de los “oprimidos”.  ¿Se podrá escuchar insolencia mayor contra la institución que resolvió sabiamente con el gobierno cubano su propia ex carcelación y la de otros miembros de la contrarrevolución?

Seguro estoy que ya nos queda poco por escuchar de estos señores y señoras denominados  “disidentes”, pues lo último que se podía esperar era que Marta Beatriz Roque Cabello tratara de burlarse irónicamente del laico Orlando Márquez, hombre consagrado a la iglesia y con un alto nivel de profesionalidad en su quehacer cotidiano.

Esta es la llamada “oposición” cubana, creada, organizada y entrenada por el gobierno norteamericano y su Servicios Especiales. Es con ellos que los EE.UU. se han gastado solo desde 1997 parte de los 200 millones 826 mil dólares aprobados para tratar de derrocar al gobierno revolucionario y ni así han podido lograr sus sueños, aunque si mantener a este circo de payasos y monos.  ¡Qué clase de disidencia tenemos!

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