Lo que oculta El Nuevo Herald.


Arthur González.

Para hablar mal de la revolución cubana El Nuevo Herald tiene el número uno. Amplifica hechos, inventa otros y casi todos tergiversados sobre la realidad de la Isla, con tal de crear la ilusión en sus lectores de que en Cuba la cosa está de mal en peor. Sin embargo, cuando de objetividad se trata y hay que reportar verdaderas acciones de represión policial y violaciones a los Derechos Humanos, entonces la cosa se pinta diferente y como se dice en Cuba, “es harina de otro costal”.

Eso fue lo que sucedió en su edición del pasado 28 de febrero, donde el periodista Juan O. Tamayo, escribió un artículo titulado “Régimen arrecia represión en Cuba”, donde relata el accionar de las supuestas “turbas progubernamentales” sobre  las llamadas Damas de Blanco.

Pero la mejor prueba de su distorsión mal intencionada de la realidad habanera, fue la omisión premeditada de las acciones que tuvieron lugar el mismo 28 de febrero en Londres, donde la policía británica desalojó en la madrugada del martes el campamento que los manifestantes del movimiento Occupy habían instalado a la entrada de la Catedral de “Saint Paul”, ubicada en el centro de Londres. Según el diario The Guardian, se detuvieron a más de una docena de personas, de las que no se sabe exactamente el tiempo en que permanecerán en los calabozos británicos y que acusaciones recibirán. También ese mismo día la policía londinense desmanteló otro campamento de Occupy, ubicado en la calle Featherstone, en Islington, en el norte de Londres.

De estos atropellos, violatorios de los derechos humanos y las libertades individuales que tanto le reclaman a Cuba, no se comenta nada y si se hace es de forma muy pálida sin denunciar la violencia y represión empleadas, pues de hacerlo pondrían en evidencias a los verdaderos violadores de los derechos humanos en este mundo.

La disparidad descrita radica en que mientras en Cuba la contrarrevolución denuncia que hay “represión” sobre ella, tienen que reconocer que no hay golpes, ni gases lacrimógenos, e incluso confiesan que la propia policía traslada hasta sus casas a los que siguiendo instrucciones y salarios de Miami, llevan a cabo provocaciones en la vía pública, para vender la imagen mediática de que hay represión, como declaró recientemente al Nuevo Herald la “presidenta” de las llamadas Damas de Blanco, Berta Soler y el ex recluso contrarrevolucionario santiaguero José Daniel Ferrer García.

Esta es la diferencia. En Londres, Madrid, Valencia, Atenas, New York y Roma, los Occupy Indignados protestan por lograr derechos humanos reales, como a la educación, la salud, la vivienda y al trabajo, son arrastrados, golpeados y detenidos. En Cuba, los contrarrevolucionarios cubanos que viven del salario que pagan desde Miami por ejecutar provocaciones para acusar al gobierno cubano de represivo, la policía no los golpea, arrastra o encarcela, por el contrario los monta en un ómnibus u otro vehículo y los trasladada de gratis hasta sus casas.  Es el pueblo quien les da una respuesta inteligente sin golpes ni gases, sino con canciones y bailes. Pero de esto no se puede hablar en Miami, de hacerlo Juan Tamayo seguramente se quedaría cesante.

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