Por el filo de la navaja


Arthur González.

Elizardo Sánchez Santa Cruz Pacheco, auto titulado presidente de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CCDHRN) y conocido entre el pueblo cubano como El Camaján, está caminando por el filo de la navaja, pues no le basta con incorporar nombre falsos a su lista de prisioneros de conciencia en Cuba, (una parte del equipo de futbol del Perú y reconocidos artistas e intelectuales españoles del siglo XVIII), y ahora inicia una nueva campaña mediática para anunciar que la policía cubana tiene secuestrado al contrarrevolucionario de Santiago de Cuba José Daniel Ferrer, ex prisionero del llamado “grupo de los 75” y puesto en libertad condicional el pasado año ante las gestiones del Cardenal Jaime Ortega con el presidente Raúl Castro Ruz.

Se conoce que José Daniel desde que salió de la prisión está recibiendo dinero y orientaciones del exterior para que provoque acciones en la vía pública contra el gobierno revolucionario, con el fin de incrementar la propaganda anticubana que se genera desde Miami y que para más detalles visita la Sección de Intereses Norteamericanos en la Habana y otras embajadas europeas que estimulan el accionar de la contrarrevolución interna.

Igualmente, es del dominio público que Ferrer comenta que tienen la tarea de ejecutar muchas acciones contra el gobierno antes de que arribe a la Isla el Santo Padre Benedicto XVI, para crear un clima enrarecido y obligar al jefe de la Iglesia Católica Apostólica y Romana a pronunciarse contra el gobierno de Raúl Castro.

Solo le recomendaría al Camaján ponerle frenos a su lengua, porque la Difamación de las Instituciones es un delito contemplado en el artículo 204 del Código Penal, sancionado con privación de libertad de tres meses a un año o multa de cien a trescientas cuotas, algo que ya conoce bien la escritora contrarrevolucionaria Zoe Valdez, pues por tener una conducta similar fue llevada ante el tribunal de Paris, Francia, donde fue sancionada al pago de todo el proceso legal, incluidos los abogados defensores de sus víctimas, jueces, fiscales y personal auxiliar, algo que le sirvió de escarmiento.

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