La infamia huérfana de decoro.


Arthur González.

Todo el que ha seguido el desarrollo de la Revolución cubana, sabe que cuando Cuba asegura un hecho es porque le asiste la verdad. Siempre ha sido así.

Cuando el embajador norteamericano ante la ONU afirmaba que el bombardeo acontecido el 15 de abril de 1961 fue ejecutado por pilotos cubanos desertores de la fuerza aérea cubana, nuestro ministro de Relaciones Exteriores, conocido por el sobrenombre de  “Canciller de la Dignidad”, Raúl Roa, lo emplazaba acusando al gobierno norteamericano de mentir y orquestar una nueva agresión al pueblo cubano. Fue exactamente así. Era el preludio de la invasión mercenaria el 17 de Abril del 61 por Bahía de Cochinos, organizada y financiada por la CIA y el gobierno norteamericano. Cuba no mintió ni miente.

Por eso con la nueva campaña mediática generada desde Miami para intentar confundir al mundo, al asegurar que el gobierno cubano no le dio asistencia médica oportuna a un preso por delitos comunes, nombrado Wilman Villar, convertido por obra y gracia de la propaganda contrarrevolucionaria en preso de conciencia, es la misma historia.

El 30.01.2012 según el Nuevo Herald, la viuda de Wilman reconoció delante de la prensa extranjera acreditada en la Habana, que su esposo no fue condenado por ser un caso político, que los problemas legales de su marido empezaron tras un incidente doméstico y su militancia opositora surgió después de haber sido detenido.

Exactamente lo que Cuba afirmó en el editorial del periódico Granma, en el cual aseveró que el fallecido no era un llamado opositor, y que su condena fue producto de los golpes que le propició a su esposa, por lo que la madre de esta se vio en la necesidad de acudir a la policía para que su hija no fuera una víctima mortal de la paliza que bajo los efectos del alcohol Wilman le propinaba.

Nuestro apóstol José Martí, dijo… “El que vive de la infamia o la codea en paz es un infame” y … “el que intenta rebajar el decoro de otros, lo que rebaja es el suyo propio”.

Eso precisamente es lo que le sucede a la contrarrevolución cubana, pre fabricada y financiada desde el territorio de los EE.UU., está huérfana de decoro.

Vergüenza le debería dar a esa viuda nombrada Maritza Pelegrino, la que  por varios pesos se ha dejado manipular por el contrarrevolucionario santiaguero José Daniel Ferrer, liberado por el gobierno cubano el pasado año. Su propia madre y sus hijos la juzgarán por tales infamias.

Los que desean hacerle peticiones al Santo Padre Benedicto XVI, cuando arribe a Cuba el mes de marzo, deben saber que la mentira es un pecado mortal, aunque ellos solo se acuerdan de Dios cuando tienen el agua al cuello, mientras tanto el dinero es lo que los mueve, pero deben aprender que con eso no se compra ni honor ni decoro.

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