El control de Miami sobre la política exterior de Estados Unidos.


Arthur González.

Cada vez resulta más evidente que la mafia anticubana de Miami controla la política exterior del gobierno norteamericano, lo que impide que puedan legislar libres de presiones sobre cómo actuar en el caso de las relaciones con Cuba.

A pesar que la comunidad cubana radicada en Miami es minoritaria y que muchos cubanos no tienen derecho al voto, por ser solo residentes extranjeros permanentes y no estar acogidos a la ciudadanía yanqui, los congresistas de origen  cubano son poderosos, pues cuentan con un fuerte financiamiento de la derecha del partido republicano, principalmente.

Ejemplo de esto son los casos de los hermanos Díaz Balart y la Sra. Ross Lehtinen, por solo citar a los más agresivos, al ser hijos de testaferros del dictador y asesino Fulgencio Batista, ex presidente de Cuba hasta que fue derrocado por el triunfante Fidel Castro el 1ero de enero de 1959, lo que les duele en el alma.

Ahora le tocó el turno al precandidato presidencial republicano Newt Gingrich, quien tratando de ganarse la simpatía de estos congresistas y de los ricachones de Miami, prometió que, si gana la presidencia de Estados Unidos en noviembre próximo, buscará el “final pacífico de la dictadura de Castro” en Cuba.

Eso mismo han dicho los presidentes norteamericanos desde 1959 del pasado siglo, hasta el actual primer presidente negro de la historia de los EE.UU. Los comentarios de Gingrich casi parecen un chiste.

Sus palabras están buenas para darle título a una telenovela, que bien pudiera nombrarse “Las ilusiones perdidas de un candidato presidencial”.

Sabrá este nuevo candidato que sus antecesores prometieron lo mismo y se fueron sin ver su sueño, incluso  algunos se despidieron de este mundo y sus deseos no se hicieron realidad.

No se desesperen que le pasará lo mismo a Gingrich, si es que puede alcanzar la presidencia, que es el primer paso y lo tiene lleno de  dificultades.

Sin dudas, más le valdría ocuparse de los asuntos internos que tiene hoy el pueblo norteamericano con 14 millones de desempleados y un movimiento popular denominado Ocupantes de Wall Street que gana cada días más apoyo y después que resuelva sus problemas, que mire entonces hacia el Caribe, si es que le quedan tiempo y ganas.

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